JJ. OO. | 27 sep 2026
Juegos Suramericanos 2026
Juegos Suramericanos 2026: el desafío de contar el deporte desde las historias cuando las herramientas de la organización no alcanzan
Una vez más, Rugido Sagrado hizo las valijas para contar el deporte desde el lugar donde sucede. Después de Santiago 2023 y Asunción 2025, los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026 fueron la tercera gran experiencia sudamericana del medio en menos de cuatro años. Santa Fe fue la sede elegida para trabajar durante la competencia, acompañar a los atletas argentinos y registrar no solamente lo que ocurría dentro de las canchas, sino también todo aquello que rodeaba a un acontecimiento deportivo de esta magnitud: la organización, la infraestructura, las condiciones para la prensa y las historias que muchas veces quedan detrás de un resultado.
La cobertura volvió a poner en evidencia una realidad que atraviesa a los grandes acontecimientos deportivos: la logística destinada a los medios de comunicación es tan importante como cualquier otra parte de la organización. En Santa Fe hubo avances, infraestructura que respondió y espacios correctamente preparados, pero también situaciones que quedaron por debajo de las necesidades de una competencia de esta magnitud. Los primeros días fueron los que concentraron mayores dificultades y, con el correr de la competencia, algunas cuestiones fueron mejorando. Sin embargo, la experiencia dejó la sensación de que todavía faltó un paso más para que las condiciones de trabajo estuvieran realmente a la altura de los Juegos.
Uno de los principales puntos estuvo en las denominadas zonas de prensa. En algunas sedes de Santa Fe, esos espacios no funcionaron como verdaderas áreas destinadas al trabajo periodístico. En la competencia de Aguas Abiertas, por ejemplo, la zona de prensa se encontraba en un espacio que parecía haber sido originalmente pensado como un lugar de descanso. No contaba con conexión Wi-Fi, el televisor disponible no funcionaba y tampoco existía una ambientación que identificara claramente el lugar como un área destinada a los medios. En el CARD, en cambio, las condiciones fueron diferentes y el espacio contó con un equipamiento acorde para desarrollar la cobertura. En el Invencible Handball, la conectividad presentó interrupciones que dificultaron el trabajo durante distintos momentos de la jornada.
La situación de la Villa Suramericana de Santa Fe también dejó un punto para analizar. Rugido Sagrado fue el único medio que utilizó de manera efectiva las instalaciones destinadas a la prensa en ese espacio, lo que mostró que existía una posibilidad concreta para acercar el trabajo periodístico al lugar donde convivían y se preparaban los protagonistas. Sin embargo, la organización no terminó de explotar esa zona como un verdadero centro de medios. La ambientación tampoco resultó suficiente y, durante las jornadas de mayor temperatura, las condiciones se volvieron especialmente incómodas tanto para los periodistas como para los propios atletas que eran entrevistados allí. La Villa tenía, en ese sentido, un potencial comunicacional que no llegó a aprovecharse completamente.
No se trata de reclamar privilegios para quienes cuentan lo que ocurre en una competencia deportiva. Se trata de reconocer que el periodismo necesita herramientas mínimas para cumplir con su función. Una conexión estable, un espacio adecuado, equipamiento operativo y condiciones de trabajo razonables no constituyen beneficios extraordinarios para la prensa: forman parte de la infraestructura necesaria para que un acontecimiento pueda ser contado, registrado y difundido. Sin periodismo no hay difusión; y sin difusión, el deporte pierde una parte fundamental de su capacidad para llegar a la sociedad.

En ese contexto, también merece un reconocimiento especial la labor de los voluntarios, que durante cada jornada pusieron el cuerpo y el esfuerzo para sostener el funcionamiento de los Juegos, aun cuando su tarea, por definición, no tenía detrás una estructura laboral remunerada.
La experiencia de Santa Fe adquiere además otra dimensión cuando se la coloca dentro del recorrido de Rugido Sagrado. Después de Santiago 2023, Asunción 2025 y el Mundial de Hockey Masters Bélgica 2026, el medio volvió a apostar por una cobertura presencial de un acontecimiento multideportivo, con producción propia, entrevistas y seguimiento de los protagonistas. En esta oportunidad, la propuesta periodística puso especialmente el foco en los atletas de alto rendimiento y en las historias que existen detrás de cada competencia. El objetivo volvió a ser contar el deporte desde sus protagonistas y no solamente desde los resultados.
Y los resultados argentinos ofrecieron un capítulo propio. La delegación nacional terminó segunda en el medallero general, con 81 medallas de oro, 87 de plata y 125 de bronce, para un total de 293 preseas. El registro representó una mejora respecto de Asunción 2022, cuando Argentina había obtenido 58 oros, 65 platas y 74 bronces, con 197 medallas en total y el tercer puesto de la clasificación. En Santa Fe fueron 96 preseas más que cuatro años atrás y un salto del tercer al segundo lugar del medallero.

Ese crecimiento deportivo adquiere una dimensión particular por el contexto en el que se desarrolla el alto rendimiento argentino. La información analizada sobre los Juegos señala que varios deportistas llegaron a la competencia atravesando dificultades económicas, con becas insuficientes o incluso sin ellas, mientras sus familias y entrenadores sostienen buena parte de los procesos de preparación. El rendimiento conseguido en Santa Fe, por lo tanto, convive con una realidad de restricciones presupuestarias que atraviesa al deporte argentino. La propia comparación regional expuesta durante el balance de los Juegos muestra una diferencia considerable entre los recursos destinados al deporte de Argentina y los de otras potencias sudamericanas.
Pero hay otro dato que merece ser observado: las 81 medallas doradas no pueden analizarse únicamente desde la cantidad. Parte de esos títulos correspondieron a disciplinas que no forman parte del programa olímpico de Los Ángeles 2028, por lo que el resultado debe ser leído también en función de cuáles son los deportes que tendrán continuidad en el próximo ciclo olímpico. Al mismo tiempo, disciplinas centrales del programa olímpico tuvieron actuaciones que permitieron proyectar expectativas hacia los próximos desafíos. El balance, entonces, no termina en un número: abre una discusión sobre cómo sostener y potenciar ese rendimiento en los meses que vienen.
Santa Fe dejó así una doble lectura para Rugido Sagrado. Por un lado, confirmó que existe un enorme potencial deportivo y humano para contar: atletas que compiten en contextos adversos, entrenadores que sostienen procesos y delegaciones capaces de mejorar sus registros aun en un escenario de restricciones. Por otro, volvió a mostrar que todavía existe una deuda con quienes tienen la responsabilidad de transformar esas historias en información y hacer que lleguen al público.
Los Juegos Suramericanos terminaron, pero el calendario deportivo no se detiene. Lima 2027 aparece ahora como el próximo gran desafío del ciclo y, detrás, Los Ángeles 2028. Para Rugido Sagrado, Santa Fe representa una nueva página dentro de un camino que ya pasó por Chile, Paraguay, Uruguay, Bélgica y ahora Argentina. Una cobertura más, sí. Pero también una confirmación: cuando los atletas necesitan ser vistos, escuchados y conocidos más allá del resultado, el periodismo tiene una responsabilidad que excede la simple transmisión de un medallero.
CASO DE ESTUDIO SANTA FE 2026

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