Hockey | 1 ago 2026
Mundial Masters 2026
Cuando los deseos esperan toda una vida para cumplirse: el desafío del +60 IMC argentino en Bélgica
Hay sueños que se apagan con el tiempo y otros que maduran como el buen vino. El seleccionado argentino femenino +60 IMC pertenece a esta última categoría. Después de décadas de hockey, de viajes interminables, de entrenamientos bajo la lluvia y de miles de horas dedicadas a una pasión que nunca perdió brillo, estas jugadoras llegarán a Brasschaat con la ilusión intacta y la convicción de que todavía quedan páginas importantes por escribir. Alejandra Saporiti, Cristina Aranguren y Paula Molinari hablaron con Rugido Sagrado, único medio argentino que estará presente en el Mundial de Hockey Masters, sobre el desafío que afrontarán en la International Masters Cup.
La International Masters Cup será un escenario especial. Reunirá a mujeres que comenzaron a jugar cuando el hockey era muy distinto al actual y que hoy siguen encontrando en una cancha el mismo refugio que las enamoró de este deporte cuando eran niñas. Allí estará Argentina, representada por un equipo federal que nació desde cero y que encontró en la diversidad geográfica una de sus mayores riquezas. La entrenadora Alejandra Saporiti fue una de las encargadas de darle forma a este proyecto, quien tuvo que ensamblar trayectorias, experiencias y estilos distintos para construir una identidad común.
Saporiti reconoce que la principal dificultad del equipo aparece en el aspecto físico, pero encontró en la inteligencia colectiva una herramienta para compensar cualquier limitación. Además, el equipo fue evolucionando tácticamente durante el proceso. “Empecé jugando un 4-4-2 para que pudieran organizarse. Al principio se jugaba mucho a tirar la pelota para adelante. Después logramos entender que no era solo avanzar, sino distribuir por los laterales, construir la jugada y llegar al área de otra manera. Estamos encontrando ese punto medio entre jugar hacia adelante y elaborar”, señaló.
La entrenadora insiste en que la confianza es el motor que mueve a este grupo, y busca que las jugadoras crean en sí mismas y en quienes tienen al lado. “Ellas saben cuáles son mis herramientas y también mis dificultades. Lo importante es aceptarlas y entender que siempre puede haber otro camino. Quiero que crean en ellas mismas. Cuando todas hablamos el mismo idioma, el juego sale solo”, afirmó. Sin embargo, el mensaje de Alejandra trasciende lo deportivo: intenta que sus dirigidas valoren la magnitud de lo que están viviendo. “Les digo siempre que son privilegiadas por estar jugando a esta edad. Vamos a competir con la camiseta argentina y eso no es poca cosa. Todo el esfuerzo vale la pena. Obviamente quiero ganar porque soy competitiva, igual que ellas, pero el objetivo es que den lo mejor de sí mismas y superen cada escollo que aparezca", contó.
Si Alejandra habla de identidad, Cristina Aranguren habla de valores. La capitana describe al equipo como un tejido artesanal donde cada hilo sostiene al otro para evitar que la trama se rompa. “La fortaleza del equipo es el respeto hacia el otro. Nos cuidamos y ayudamos entre todas. Tenemos mucha unión”, aseguró. La capitana también reconoce que el armado federal presentó desafíos importantes. La distancia entre las jugadoras obligó a realizar esfuerzos constantes para coincidir en entrenamientos y amistosos. Pero ninguna dificultad logra opacar la emoción de vestir la camiseta argentina. Para ella, llegar a este Mundial representa la culminación de una historia que comenzó hace décadas. “Nunca solté ese sueño desde chica y ahora me toca cumplirlo. Estoy agradecida a la vida”, confesó.

Cristina mantiene una rutina activa que le permite llegar en óptimas condiciones al torneo. “Nunca estoy quieta. Llevo una vida muy activa y me encuentro muy bien físicamente para este torneo”, afirmó. Dentro de la cancha, la capitana destaca una característica que define al equipo: “Somos muy ordenadas al momento de jugar. Y el objetivo es traer una medalla, pero tenemos que ir paso a paso. Cada partido será una final para nosotras”.
La historia de Paula Molinari es también la historia de muchas de sus compañeras. Como raíces profundas que siguen alimentando el mismo árbol, la mayoría de las jugadoras comenzaron a practicar hockey cuando tenían apenas cinco años y nunca dejaron de sentir la misma pasión. “Nuestras virtudes son la garra y nunca darnos por vencidas ante la adversidad. Este es un equipo que se formó desde cero. Logramos reunir un plantel de 16 jugadoras de distintas partes del país. Todo lo que conseguimos en estos meses nos llena de orgullo”, comentó.
Paula entiende que el crecimiento del equipo recién comienza, y cree que la competencia puede potenciar todo lo que vienen trabajando: “Este equipo va a ir creciendo a medida que pasen los partidos y ojalá nos vaya bien. Tenemos que mejorar bastante la concentración. Vamos a vivir muchas emociones en el Mundial y tendremos que saber manejarlas”. Y cuando piensa en lo que viene, no habla de resultados ni estadísticas, sino de legado, de pasión y de una vida entera dedicada al hockey. “Mi objetivo personal es poder plasmar en la cancha todo lo que aprendí en la vida. Quiero transmitirle al equipo mi mejor versión. Voy a darlo todo. No me voy a guardar nada”, aseguró.
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