Hockey | 1 ago 2026
Mundial Masters 2026
A los 60, el sueño sigue siendo el mismo: representar a la Argentina y competir contra el mundo
Hay equipos que se construyen como castillos de arena y otros que se levantan como faros frente al mar. El seleccionado argentino femenino +60 parece pertenecer a este último grupo. Con años de hockey sobre los hombros, una identidad consolidada y una pasión que desafía cualquier calendario, las argentinas llegarán a Brasschaat con la ilusión de competir contra las mejores del mundo y demostrar que el amor por el deporte no entiende de edades. Lorena Sánchez, Ana García, Rosana Pascual y María Eugenia Villa hablaron con Rugido Sagrado, único medio argentino que estará presente en el Mundial de Hockey Masters, sobre los desafíos, la preparación y la ilusión del equipo.
La travesía no será sencilla. Argentina integrará una de las zonas más exigentes del torneo junto a Bélgica, Países Bajos, Australia y Canadá. El debut será el 8 de agosto frente al seleccionado local, antes de afrontar una serie de compromisos que exigirán el máximo nivel deportivo y emocional de un plantel que llega con la convicción de poder sorprender. La arquitecta de este proyecto es Lorena Sánchez, entrenadora del equipo, quien trabajó durante todo el proceso para darle una identidad clara a un grupo que ya contaba con una sólida base técnica. “Yo hoy me encuentro con un equipo en donde veo que físicamente responde. La técnica, que no hay que perderla, hay que seguir trabajándola individualmente. Entonces yo me aboco mucho más a trabajar cómo armar y darle identidad a este equipo”, señaló.
Esa identidad tiene un sello definido: atacar. “Mis equipos siempre buscan el arco rival”, afirmó la entrenadora. Para ello, trabajó distintas estructuras tácticas, probando líneas de tres y cuatro defensoras, variantes en las salidas y diferentes sociedades dentro de la cancha. La intención fue clara: construir un equipo sólido desde el fondo, pero con vocación ofensiva. Más allá de la táctica, Lorena entiende que este seleccionado transmite un mensaje que va mucho más allá del hockey: representa una forma de vivir. “A veces parece que no somos conscientes de todos los mensajes que le damos a la sociedad al jugar a esta edad. Está bueno volver a recordar dónde estaban paradas y dónde están hoy. Es maravilloso lo que están viviendo y cómo lo están disfrutando”, reflexionó. Y esa mirada no es exclusiva de puertas adentro. “Desde afuera, otros entrenadores han visto muy bien a mi equipo. Está bueno recibir esos comentarios porque uno tiene otra óptica. Este equipo, para mí, puede sorprender en el Mundial”, agregó.
La construcción colectiva es precisamente uno de los pilares que más destacan las propias jugadoras. Ana García describe al plantel: “Nuestra mayor fortaleza es la forma en la que se ha ido configurando este equipo de cara a este objetivo. Hubo un gran esfuerzo de todas. Estamos muy unidas”. Para ella, vestir la camiseta argentina tiene un valor imposible de medir: “Representar al país es muy importante. Le doy un gran significado en mi vida. Es un sueño que se cumple”.
Su historia deportiva explica buena parte de esa emoción. Ana reconoce que el deporte la acompaña desde siempre. “Soy deportista nata desde chica. Siempre estuve en las canchas. Es lo que me mantiene viva. Los deportes grupales son enriquecedores”, sostuvo. Y aunque el disfrute ocupa un lugar central, el hambre competitivo sigue intacto. “El objetivo tiene que ser siempre apuntar a lo más alto, pero traer una medalla sería muy meritorio", afirmó.

Rosana Pascual, por su parte, compara al equipo con una cuerda perfectamente tensada: cada integrante sabe cuándo sostener y cuándo empujar para que nada se rompa. “Tenemos una identidad de juego. Nos hablamos mucho en la cancha, no regalamos nada y no nos rendimos hasta que el árbitro pite el final”, resumió. A los 63 años, y transitando su última temporada en la categoría +60, comienza a tomar verdadera dimensión de lo que significa competir a este nivel, y el reconocimiento de quienes la rodean la obliga a detenerse y observar. “Recién ahora estoy tomando un poco de conciencia. Me sorprende la gente que me acompaña. En el gimnasio y en yoga me admiran, me felicitan. Mis hijas me admiran, y eso me está haciendo ruido”, confesó.
Su rutina demuestra que la motivación sigue encendida como el primer día. “No es cuestión de edad. Siento la necesidad de moverme, de seguir haciendo deportes, de socializar y estar en un equipo. Me levanto dos o tres veces por semana a las siete de la mañana para entrenar y estoy jubilada. Estoy muy motivada, me cuido con las comidas y le doy mucha importancia al descanso”, relató. Y cuando analiza el grupo que le tocó a Argentina, reconoce la jerarquía de los rivales, pero también deja abierta la puerta a la sorpresa. “Los otros equipos tienen mucha historia. Suelen tener torneos durante el año y están por delante de nosotros. Pero en Argentina tenemos mucho ímpetu, ganas de mejorar y de ir para adelante. Podemos sorprender, sin dudas. Estamos preparadas”, aseguró.
Si Rosana pone el foco en la actitud, María Eugenia Villa lo hace en la identidad hockística del equipo. “Tenemos sello propio. Somos muy compactas, sólidas en el compañerismo. Somos pacientes, sostenemos una idea de juego, defendemos, manejamos mucho la pelota y atacamos de manera explosiva. Sabemos a lo que jugamos”, explicó. Para ella, el hockey es mucho más que una actividad deportiva: “La gran mayoría jugamos desde chicas y nunca dejamos de hacerlo. Ya es un estilo de vida. Eso nos mantiene vivas, con proyectos, deseos y objetivos”.
Respecto al desafío mundialista, Villa reconoce la complejidad del grupo, aunque prefiere no mirar demasiado lejos en el horizonte: “Analizo los nombres de los equipos y parece una zona dura. Pero ya nos hemos medido con ellos en el Mundial pasado y nos fue bastante bien. Hay que ver cómo llegan ellas y cómo llegamos nosotros. Tenemos esperanza de llegar lejos. Hay muchísimo trabajo detrás, pero en lo personal no me gusta pensar en el más allá; hay que ir paso a paso”.
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