viernes 31 de julio de 2026 - Edición Nº2795

Hockey | 30 jul 2026

Mundial Masters 2026

La fuerza de un equipo que nació fuera de la cancha y ahora quiere brillar en Bélgica: ¡Las chicas del +55 IMC B van por su gran desafío mundialista!

Mientras la cuenta regresiva avanza, el seleccionado argentino femenino +55 IMC B afina los últimos detalles antes de viajar a Bélgica para disputar la International Masters Cup. Dirigidas por Abril Gonzalez Haidbañer, las argentinas llegan con una mezcla de ilusión, experiencia y hambre competitiva que convierte cada entrenamiento en un ladrillo más de una construcción colectiva que lleva meses tomando forma. A pocos días del inicio, Ariadna Arizabalo, Inés Ishikawa, Soledad Carlson y Martín Bruno hablaron con Rugido Sagrado, único medio argentino que estará presente en el Mundial. Entre la experiencia acumulada durante décadas, la pasión intacta y una profunda conexión humana, el equipo se prepara para vivir uno de los mayores desafíos de su historia.


El equipo encontró en la experiencia una de sus mayores fortalezas. Nadie representa mejor esa realidad que Ariadna Arizabalo, capitana del plantel y una de las voces más autorizadas para explicar qué significa competir a los 59 años en una cita mundialista. Lejos de ser una barrera, el paso del tiempo se transformó en una herramienta. “Llega un momento en que tenés que aceptar tus limitaciones. Si no lo hacés, te lesionás o la pasás mal. Mentalmente querés llegar a todas las jugadas, pero físicamente ya no es igual. Hay que encontrar un equilibrio”, reflexionó. Y aunque reconoce que algunas capacidades cambiaron, hay virtudes que permanecen intactas: “No tengo la misma velocidad que antes y siento que algunas cuestiones técnicas disminuyeron. Pero hay cosas que no perdí nunca. Siempre me gustó leer el juego, ubicarme bien, distribuir la pelota y pensar estratégicamente. Eso sigue estando”.

La pasión también aparece como un río que nunca dejó de correr en la vida de Inés Ishikawa, quien vivirá su primera experiencia mundialista. Su historia refleja el vínculo inquebrantable que muchas jugadoras mantienen con el hockey. “Somos un equipo. Voy por primera vez a un Mundial y seguramente sea hermoso lo que voy a sentir. Ojalá pueda aprender de las que ya tienen varios mundiales en el lomo”, contó con entusiasmo. Su recorrido deportivo tiene capítulos de ida y vuelta, pero una misma esencia. “Empecé a los 5 años a jugar al hockey y a los 21 dejé. Retomé hace 12 años. Pasan los años y la pasión sigue intacta. El hockey es mi cable a tierra”, afirmó.

Esa misma pasión se combina con una energía colectiva que define a este grupo. Las jugadoras destacan permanentemente el valor humano que construyeron durante el proceso. “En el equipo hay química, energía, muchas ganas de vernos y de construir. Todas somos importantes, cada una con su función”, explicó Soledad Carlson, integrante del plantel. Para ella, el deporte ocupa un lugar central en la vida. “Es el mejor medicamento, y no tiene edad. No tiene efectos adversos, es barato y de efecto duradero”, señaló con una sonrisa que resume años de experiencias dentro de una cancha. Y también destacó el recorrido realizado hasta llegar a Bélgica: “El proceso es lo más hermoso y éste fue con mucho sacrificio de parte de cada una. Hay entrega, disciplina, convicción y ganas de superación. Mis compañeras sacan mi mejor versión”.

Si el equipo es hoy una construcción sólida, gran parte de esa fortaleza se explica por la unión que lograron generar fuera de la cancha. El grupo se consolidó primero desde lo humano. “Nosotras primero fuimos equipo fuera de la cancha. Generamos vínculos, confianza y mucha comunicación. Después eso se trasladó al juego”, explicó Arizabalo. 

Desde el cuerpo técnico, Martín Bruno observa ese proceso con una mirada que trasciende lo estrictamente deportivo. Su filosofía funciona como un faro que guía cada decisión. “Siempre pongo primero la parte humana antes que la deportiva. Después, con el cuerpo técnico, buscamos a las jugadoras que estén mejor para competir”, afirmó. Y para él, la experiencia compensa muchas cuestiones físicas. “La velocidad puede bajar un poco, pero la comprensión del juego es mayor. Hay jugadoras con una calidad técnica que no se pierde con el paso del tiempo. A veces ves a una persona fuera de la cancha y después la ves jugar y te sorprende todo lo que puede hacer”.

El objetivo argentino combina ambición y sentido de pertenencia. Arizabalo lo resume con claridad: “Vamos a vivir una experiencia extraordinaria desde lo deportivo y desde lo humano. Obviamente queremos ganar". Pero enseguida agrega una reflexión que define la identidad del grupo: “También queremos jugar bien, aprovechar todo el trabajo que hicimos durante este proceso y sentir que dejamos todo dentro de la cancha. Para mí ese sería el verdadero triunfo”.

MÁS NOTICIAS