Triatlón | 26 ene 2026
Entrenar bajo cero para competir en el trópico: el invierno extremo que desafía a un triatleta uruguayo en Estados Unidos
Mientras gran parte del circuito internacional del triatlón se prepara para competir en escenarios de calor y humedad, Marcelo Rago enfrenta un desafío muy distinto. El triatleta uruguayo, que representa al equipo HighFive Triathlon Racing y reside en el norte del estado de Nueva Jersey, atraviesa uno de los inviernos más crudos de los últimos años en Estados Unidos, con temperaturas extremas, nieve frecuente y entrenamientos condicionados por el hielo. “Hoy tenemos 13 grados bajo cero para empezar el día, y en estos días se espera tormenta de nieve y hielo”, describe quien se encuentra en plena preparación para su primer gran objetivo del año: el Ironman 70.3 de San Salvador, que se disputará el próximo 22 de febrero en El Salvador.
El contraste no podría ser mayor. De entrenar en condiciones casi insalubres, con frío extremo y riesgos constantes, pasará a competir en Centroamérica, donde el calor y la humedad prometen ser protagonistas. Sin embargo, para Rago, el invierno no es excusa. Es parte del proceso. “Entrenar y mantener el plan durante todo el invierno implica hacerlo a pesar de las dificultades. Por suerte hay recursos y alternativas, pero también hay situaciones especiales que hay que saber manejar. A veces toca tomar una decisión menos heroica y más inteligente”, explica.
El ciclismo es una de las disciplinas más afectadas por el clima. Cuando no hay nieve ni hielo, la opción es salir a la ruta extremadamente abrigado. De lo contrario, el entrenamiento se traslada puertas adentro, sobre un smart trainer. “El problema es que bajo techo se pierde la sensación real de la ruta: las imperfecciones del asfalto y la estimulación de la habilidad para manejar la bicicleta, por ejemplo”, señala. Aun así, Rago, entrenado a la distancia por Pablo Cattaruzzi, intenta sostener la calidad del trabajo: potencia constante, resistencia y una posición aerodinámica cuidada en la bicicleta de contrarreloj, clave para el rendimiento en competencia.
En el running, el intercambio entre entrenar al aire libre o en cinta es constante. Afuera, el frío extremo no es el único problema. La visibilidad reducida, el terreno irregular y el hielo oculto bajo la nieve elevan el riesgo de lesiones. “No es solo ajustar la ropa. El piso es muy traicionero”, afirma. Por eso, los trabajos de fondo más lentos suelen realizarse en cinta, donde no hay cambios bruscos de ritmo y se puede controlar mejor el esfuerzo.
La alimentación no varía demasiado, aunque el frío impone un desafío silencioso: la hidratación. “Con bajas temperaturas dan menos ganas de tomar líquidos, pero es clave mantener una hidratación adecuada”, explica Rago, quien además refuerza la suplementación con vitaminas para evitar interrupciones en el entrenamiento.
Del frío extremo al calor sofocante
El Ironman 70.3 de San Salvador será una prueba inédita en el calendario y exigente por su altimetría tanto en el ciclismo como en el running. Sin embargo, para Rago, la mayor dificultad será la termorregulación. “El cuerpo viene de entrenar en frío. Vamos a intentar advertirle del calor generando condiciones artificiales y usando sauna en los días previos, pero va a ser muy difícil”, admite. Luego llegará el objetivo principal de la temporada: el Ironman de Jacksonville, Florida, en mayo. Otra carrera nueva, con altas temperaturas y humedad, pero sin grandes desniveles.
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