jueves 15 de enero de 2026 - Edición Nº2598

Otros | 11 ene 2026

Padel

El pádel dejó de ser un juego y se convirtió en un negocio que atrae inversiones

El pádel dejó atrás hace tiempo la lógica de fenómeno pasajero para consolidarse como una actividad deportiva con estructura profesional y dinámica económica propia. Su crecimiento sostenido no solo se mide en jugadores, sino también en inversiones, generación de empleo y desarrollo de infraestructura. Hoy convive como práctica recreativa cotidiana y como negocio dentro de la economía del deporte, atrayendo a emprendedores que encuentran en las canchas una oportunidad rentable y con proyección a largo plazo.


La expansión se percibe con claridad en la multiplicación de complejos deportivos en la Ciudad de Buenos Aires, el conurbano y el interior del país. Las canchas funcionan con altos niveles de ocupación durante toda la semana, especialmente en horarios nocturnos y fines de semana, donde los turnos suelen agotarse. Esta demanda constante es uno de los factores que explica por qué el pádel compite de igual a igual con propuestas tradicionales como el fútbol 5, y refuerza su atractivo como inversión.

Argentina se posiciona entre los tres países con mayor cantidad de canchas del mundo, detrás de España e Italia. Se estima que entre 2 y 3 millones de personas practican pádel en el país, distribuidas en más de 7.000 canchas y unos 2.600 clubes. En los últimos tres años, la infraestructura creció más de un 30%, acompañando una demanda que, según plataformas de reservas deportivas, no muestra señales de desaceleración. El pádel concentra hoy casi la mitad de los turnos reservados en el país, muy por encima de otros deportes.

Ese escenario favorable se traduce en números concretos a la hora de analizar una inversión. Construir una cancha de pádel profesional requiere actualmente un desembolso que ronda entre los US$ 20.000 y US$ 25.000, dependiendo del diseño (clásico o panorámico), la calidad de los materiales y si se trata de una cancha cubierta o descubierta. Los principales costos se concentran en la base de hormigón perfectamente nivelada, el césped sintético específico, los vidrios templados, la estructura metálica, la iluminación LED deportiva y, en el caso de canchas techadas, el cerramiento superior.

Desde empresas constructoras especializadas coinciden en que la calidad de la obra es determinante para la rentabilidad futura. Un piso mal ejecutado o materiales de baja resistencia derivan en mayores gastos de mantenimiento y menor vida útil. En cuanto al recupero de la inversión, los plazos varían según la ubicación y la demanda: mientras algunos proyectos integrales estiman retornos de entre tres y cinco años, una cancha individual bien situada y con alta ocupación puede amortizarse en menos de un año. La clave, señalan los especialistas, está en realizar un estudio de mercado previo y apostar por infraestructura de calidad, en un contexto donde la demanda aún supera a la oferta y el pádel continúa consolidándose como uno de los negocios deportivos más dinámicos del país.

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