Discapacidad | 20 nov 2025
De la polio al legado eterno: la historia que sigue inspirando
Las historias de superación que atraviesan los Juegos Paralímpicos suelen construirse sobre pilares de esfuerzo, disciplina y una resiliencia que redefine límites. Sin embargo, el desafío más profundo para muchos atletas llega cuando las competencias quedan atrás y aparece la necesidad de redescubrir quiénes son fuera del alto rendimiento. Ese proceso, muchas veces silencioso, fue el camino que transitó una figura emblemática del deporte adaptado argentino: Marcela Rizzotto. Su trayectoria demuestra que la vida deportiva puede ser apenas un capítulo dentro de un recorrido más amplio, donde la reinvención personal adquiere un valor decisivo. Hoy, su historia inspira tanto a atletas en transición como a cualquier persona que atraviese un momento de cambio vital.
Nacida el 21 de abril de 1948 en Rosario, Rizzotto convivió desde la infancia con las secuelas de la polio. Ese desafío inicial no solo no la detuvo, sino que la condujo hacia un vínculo transformador con la actividad física. Años más tarde sería distinguida por el Congreso Nacional como Maestra del Deporte Argentino, reconocimiento que sintetiza un recorrido donde deporte y ciencia se amalgamaron en una misma vocación.
Su ingreso al deporte coincidió con el comienzo de sus estudios de Bioquímica. Caminaba entonces con aparatos y bastones canadienses, hasta que una joven la invitó a participar en actividades deportivas adaptadas. Esa decisión cambiaría su vida. Su primera competencia internacional llegó en 1973, en los Juegos Panamericanos de Lima, donde obtuvo actuaciones sobresalientes y forjó una amistad que perdura hasta hoy con Mónica Miras. Aquella delegación vivió un hecho memorable: fue recibida por Juan Domingo Perón y Rizzotto tuvo la oportunidad de estrecharle la mano.
Su carrera deportiva se extendió durante más de dos décadas, con su última participación internacional en el Panamericano de 1999 en México. Pero aun cuando decidió retirarse del alto rendimiento, nunca se alejó del deporte. Continuó como voluntaria, promotora de la actividad física y colaboradora en eventos de escala global, como los Juegos Paralímpicos de Río 2016 y los Parapanamericanos de Lima 2019.
A lo largo de su vida, Rizzotto defendió una visión integradora del deporte, sin separar el adaptado del convencional, convencida de que la actividad física debe ser una herramienta de inclusión, crecimiento y superación personal. Su legado permanece vigente, no solo por sus logros deportivos, sino también por su aporte científico y su compromiso social, que continúan iluminando el camino de nuevas generaciones.
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